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Quizás mucha gente no tenga claro qué es la Disciplina Positiva. Suena hasta un poco contradictorio que esté formado por dos palabras, a priori contrapuestas.

 

Si digo “disciplina”, seguro que muchos de nosotros rápidamente pensamos en represión, autoritarismo y sumisión. Pero estas connotaciones o carga negativa, es fruto de las circunstancias históricas de España y de la crianza y educación que recibimos las generaciones de la posguerra y la democracia y que nos ha llevado a adquirir los anteriores prejuicios hacia este término.

 

 

En realidad la palabra disciplina tiene un bello origen. Viene del latín “discipulus”y quiere decir “persona que aprende”. No se me ocurre mejor papel para las madres y padres que enseñar. Enseñar la vida, los valores, las relaciones, las emociones.

 

¿Y cuál es la mejor manera de enseñar? Sin duda, con el ejemplo.

 

Albert Einstein decía: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás, es la única” y también, “La única manera de educar es dando un ejemplo, a veces un ejemplo espantoso”.

 

 

Los niños y niñas ven en sus padres un modelo de comportamiento. No hace falta que les digamos nada, ellos están todo el día observándonos, captando la esencia de cada situación. Aprenden de lo que hacemos y no, de lo que decimos.

 

Aquí podéis ver la campaña de concienciación “Children see, children do” en la que se invita a la reflexión en este aspecto y se insta a tener una influencia positiva en los niños y niñas.

 

 

Los niños y niñas localizan las disonancias entre lo que los adultos decimos y lo que hacemos. Así por ejemplo, si queremos cultivar el autocontrol, gritar : “no se chilla” no será la forma más adecuada. Ni para transmitir que la violencia es intolerable y que no se puede pegar a los demás, darle un cachete diciendo “no se pega”, porque son una incoherencia.

Lo ideal, es que adquiramos nosotros primero todas aquellas conductas que queramos que nuestros hijos e hijas, aprendan.

 

Os dejo una historia que me pareció muy ilustrativa a este respecto:

Estaba un padre con su hijo haciendo cola para entrar al teatro. Cuando llegó su turno, el padre preguntó a la señora que estaba en la taquilla a partir de qué edad los niños debían pagar. La señora contestó que a partir de los ocho años. El padre, sin dudarlo un momento, contestó: “Pues deme dos entradas, que mi hijo cumplió ayer ocho años”. La señora le entregó las dos entradas pero, antes de que se fuera, le dijo: “me ha extrañado mucho que me dijera que su hijo tiene ocho años; si me dice que tiene siete no me hubiera dado cuenta”. El padre respondió: “Usted no se hubiera dado cuenta, pero mi hijo sí”.

 

La Disciplina Positiva hace que queramos prosperar y consigamos ser una mejor versión de nosotros mismos para poder ser a su vez un mejor ejemplo para ellos. No se trata de ser perfectos, o de que nunca nos enfademos o nos equivoquemos, lo importante será corregir los errores cometidos, enseñándoles a nuestras hijas e hijos cuál es el camino correcto. Es un aprendizaje bidireccional donde ambos nos enriquecemos.

 

Termino con esta maravillosa frase de Teresa de Calcuta:

Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo… Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño… Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo, en cada vida, en cada vuelo, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado.

 

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Si ya tienes claro que la Disciplina Positiva es para tí, te espero en mis cursos presenciales que comenzaré en Septiembre en Málaga (Puedes proponer sugerencias de lugares) y próximamente en mis talleres online de disciplina positiva.