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Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

 

25 de noviembre

 

La violencia contra la mujer sigue siendo una pandemia global. Es una violación de los derechos humanos que se ha constituido como un fenómeno invisible durante décadas, siendo una de las manifestaciones más claras de la desigualdad, subordinación y de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. Según la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género “comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad.” Es vital conocer las diversas formas de violencia y profundizar en el cuerpo de creencias que justifica la dominación de la mitad de la humanidad . Un tipo de violencia de género, según las definiciones anteriores, sería la violencia obstétrica.

 

¿Qué es Violencia Obstétrica?

Se entiende por violencia obstétrica la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres».

 

Países como Venezuela, Argentina y México penalizan las conductas de este tipo de violencia. Aunque España aún no las ha tipificado específicamente, las prácticas constitutivas de violencia obstétrica se encuentran prohibidas en nuestro país, ya que suponen la vulneración de derechos básicos contemplados en Convenios internacionales, así como en nuestra Constitución.

 

¿Qué es constitutivo de Violencia Obstétrica (en adelante VO)? 

 

Se considerarán actos constitutivos de violencia obstétrica los ejecutados por el personal de salud, consistentes en:

    • No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas.

 

    • Obligar a la mujer a parir en posición supina y con las piernas levantadas (litotomía), existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical.

 

    • Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre, sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer.

 

    • Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.

 

    • Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.

 

  • El trato cruel, deshonroso, descalificador, humillante o amenazante ejercido por el personal de salud en el contexto de la atención del embarazo, parto y posparto, ya sea a la mujer o a el/la recién nacido/a, así como en la atención de complicaciones de abortos naturales o provocados.

 

 

¿Cuál es la situación actual de la VO?

 

La violencia obstétrica es hoy día un grave problema global de salud pública, que pone en riesgo el bienestar biopsicosocial de madres y bebés, algo que la Organización Mundial de la Salud ha advertido en un su declaración del 30.09.2014, «Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención al parto”, en la que denuncia públicamente la incidencia de las prácticas que constituyen este tipo de violencia, promoviendo la implantación de políticas de control de calidad en los centros sanitarios y la implicación de todos los intervinientes, incluidas las mujeres, a quienes se exhorta a denunciar las malas praxis y a reclamar un trato digno y respetuoso hacia sí mismas y sus bebés.

 

También las estadísticas de los resultados del «Informe sobre la atención al parto y nacimiento en el Sistema Nacional de Salud» de diciembre de 2012 (documento completo aquí) del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en relación con las recomendaciones de la Estrategia de Atención al Parto Normal, alertan de que “en general, se observa un amplio margen de mejora en todas las prácticas clínicas, líneas de intervención, sistemas de información y aspectos organizativos” y se insta a la supresión urgente de prácticas injustificadas que derivan en nefastas consecuencias para las madres y los bebés. Entre los resultados del informe podemos observar los siguientes datos:

 

    • El doble de partos inducidos (19,4%) del porcentaje recomendado por la EAPN (<10%).

 

    • 26% de cesáreas cuando su índice adecuado está entre el 10% y el 15%. El porcentaje de cesáreas continúa en constante subida año tras año.

 

    • El 87,4% de los partos se atienden en posición de litotomía (posición supina con las piernas levantadas).

 

    • Casi 3 veces más episiotomías (41,9%) en partos eutócicos (normales sin complicaciones) de las sugeridas (<15%).

 

    • 20% de partos instrumentales, cuando en la Estrategia se concretó que no sobrepasaran el 15%.

 

    • 44,2% de partos vaginales tras cesáreas (PVDC) cuando el porcentaje adecuado conforme a la evidencia recomienda un 60-80%.

 

    • Un 50,2% de contacto precoz madre-recién nacido, muy por debajo de la tasa recomendada de >80%.

 

    • El 26,1% de las mujeres encuestadas reconoció que se les practicó la maniobra de Kristeller (empujar el fondo del útero con un brazo para acelerar la expulsión del bebé), a pesar de que es una intervención totalmente desaconsejada por la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal, por el alto riesgo de rotura uterina y otras complicaciones en mamá y bebé. Hacer hincapié en que esta práctica no aparecía en las historias clínicas a pesar de que las madres reconocieron haberla sufrido.

 

 

El Observatorio de Violencia Obstétrica de la asociación El Parto es Nuestro, recogió y analizó casi 2000 cuestionarios digitales de mujeres cuyos partos ocurrieron entre noviembre de 2015 y septiembre de 2016. El formulario online recabó información sobre distintos aspectos relacionados con el parto. Algunos de los resultados más llamativos fueron:

    • En un 70,3% de los casos, los y las profesionales que entraron en la habitación y las trataron no se presentaron ni informaron de su categoría profesional.

 

    • En el 66% de los casos no se pidió permiso para tratar a las usuarias.

 

    • En un 33,8% de los casos, alguien les dijo que lo estaban haciendo mal y en un 32,5% alguien criticó sus expresiones de dolor, gritos o gemidos.

 

    •  Fue puesta en duda su capacidad para amamantar de un 35,1% de las mujeres. Un 25% fueron juzgadas por optar de forma informada por la lactancia artificial.

 

    • Un 50,7% de las mujeres no fueron informadas de la intervención (inducción, Kristeller, episiotomía…) que se les iba a realizar.

 

    • En un 76,6% de los casos no se les habló de las distintas opciones de actuación, incluyendo el manejo expectante (no hacer nada).

 

    • En un 60,8% de los casos tampoco se les indicó por qué una determinada maniobra estaba aconsejada en su caso.

 

    • Generalmente tampoco se explicaron las posibles consecuencias a las usuarias (80,4%) y/o los efectos secundarios de la intervención (84,6% de los casos).En más de la mitad de los casos (50,1%), se actuó prescindiendo del consentimiento de las mujeres.

 

    • Una cuarta parte (25,3%) fue tratada despectivamente por presentar el plan de parto. En un 65,8% de los casos no fue respetado.Al 55,7% no se les permitió comer ni beber, al 53,2% deambular, ni usar material personal como música o ropa propia (58,2%) o material de soporte (52%).

 

    • A un 74,7% de las mujeres no se les permitió elegir la postura en el expulsivo.

 

    • Al 66,7% de las madres no se les explicó ni se les pidió consentimiento para cada actuación sobre sus bebés, a los cuales no tuvieron libre acceso en un 42,7% de los casos.

 

    • A un 42,6% se les obligó a salir cuando se realizaron procedimientos o pruebas a sus bebés.

 

    • Una quinta parte de las madres (20,1%) fueron criticadas porque sus bebés lloraban. Al 27,6% les sugirieron insistentemente que se marcharan a casa y dejaran sin acompañamiento a sus hijos.

 

    • En los casos de muerte perinatal, el 75% de las madres no recibió información clara sobre la autopsia y el entierro del bebé. El 65,2% no tuvo libertad ni tiempo para decidir sobre el cuerpo de su hija o hijo.

 

  • Además, en más de la mitad de los casos (58,5%) no fueron acompañadas ni las ayudaron a ver, tocar o abrazar a sus bebés fallecidos. En un 35,7% de los casos no les permitieron estar con ellas/os e incluso en casi un cuarto de las ocasiones (24,5%) se usó un lenguaje peyorativo para referirse a sus hijas/os muertas/os.
  • Finalmente, a la pregunta general de si habían necesitado o si creían que necesitaban ayuda psicológica o terapia para superar las secuelas o malos recuerdos de su parto, más de un tercio (35,9%) de las respuestas fueron afirmativas.

 

¿Qué pasos se están dando para visibilizar, combatir y erradicar la VO?

El reconocimiento que lentamente se está haciendo de este tipo de violencia como “estructural”, permite pasar del análisis de lo privado a lo público, a lo social y a lo político. Las distintas integrantes del Observatorio de la Violencia Obstétrica en España intentan investigar al respecto desde sus diferentes campos de trabajo, de cara a dar un cuerpo y un soporte al constructo. Por ejemplo, en el «3er Congreso Internacional de Psicología Clínica y de la Salud en Niños y Adolescentes», celebrado del 16-18 de este mes en Sevilla, la Psicóloga Cristina Medina, presentó los resultados de su Revisión Sistemática sobre este tipo de violencia a nivel mundial. En dicho estudio, la Dra. Medina-Pradas revisó las bases de datos PUBMED, PSYCINFO y WEB OF SCIENCE hasta agosto 2017 y analizó los 34 estudios publicados en distintos países y ámbitos profesionales sobre VO. En general, se reflejan tasas significativas de prácticas de violencia obstétrica, desprendiéndose las siguientes conclusiones, entre otras:

    • El 29% de las mujeres han percibido algún tipo de abuso en sus partos por parte de los/las profesionales que las atendieron.

 

    • El 67% reportó no haber recibido información previa o consentimiento para rutinas médicas. El 49% fue objeto de un trato deshumanizante por parte de los y las profesionales.

 

    • La mayoría de las mujeres que dieron a luz por cesáreas se sintieron frustradas debido a las rutinas médicas (no se les permitió estar acompañadas, hubo separación madre-bebé, etc.).

 

    • Entre el 1% y el 6% de las mujeres desarrollaron Síndrome de Estrés Postraumático (SEPT) completo después del parto y el 35% de las mujeres presentaron algún grado de síntomas de SEPT después del parto.

 

  • Se confirma una fuerte asociación real entre los diversos indicadores de violencia obstétrica y la depresión posparto.

 

Respecto a los profesionales de la salud puso de manifiesto que:

    • El estrés postraumático contribuye al desgaste de las profesionales de la matronería: Intención de abandonar la profesión, reacciones traumáticas de horror, sentimientos de culpa traumáticos y una experiencia traumática personal en los partos, se asociaron con probabilidad de sufrir TEPT (el cual se manifestó en el 17% de las matronas).
    • Los profesionales pueden ejercer violencia obstétrica debido a la falta de habilidades técnicas para lidiar con los aspectos emocionales y sexuales del parto, por traumas no resueltos o por el agotamiento profesional.

 

    • Una simulación, un programa de capacitación en equipo y debates sobre la atención de rutina tienen un impacto en la adopción de prácticas basadas en la evidencia, lo que contribuye a una mayor calidad de la atención.

 

Se determinó que aunque el término “Violencia Obstétrica” se conoce cada vez más, ni los actos constitutivos de VO, ni los mecanismos para reclamar o ayudar a las víctimas, están nada claros. El principal obstáculo que encuentran es la conceptualización habitual de la violencia obstétrica desde el contexto médico como un problema básicamente de calidad de atención. Asimismo, se destacaba la importancia de dar visibilidad al problema y la necesidad de atención por parte de la sociedad y los/as profesionales para contribuir al tratamiento de los casos y enfatizar su prevención, siendo urgente el desarrollo de investigaciones psicológicas e intervenciones psicoterapeúticas.

Para consultar el documento completo pinche aquí

 

¿Qué consecuencias tiene la VO?

La violencia obstétrica es un asunto de salud pública que requiere un fuerte compromiso con la salud de las mujeres, tanto por parte de las propias usuarias como de los profesionales que las atienden. El cuerpo de las mujeres se ha convertido en un lugar de paso, al servicio de una medicina defensiva, fría y androcéntrica, que fragmenta sistemáticamente la experiencia de la mujer, medicalizando su vida sexual y reproductiva. El paradigma médico actual ignora y olvida los aspectos psicosociales y emocionales del proceso del embarazo y parto, banalizando las consecuencias que sus prácticas tienen en la vivencia emocional y que afectan de forma directa en la salud de la mujer y del bebé. 

 

Por todo ello hago una llamada de atención respecto a la violencia obstétrica:

¡Informaos para prevenirla, buscad ayuda si ya la habéis sufrido, reclamad y luchad contra ella! 

 

Entre todas y todos podemos erradicarla.